Vestidas a La Espera Del Esposo. Imagen Y Liturgia De La Virginidad Consagrada En Los Retratos De Monjas
Year: 2009
Type: book-chapter
Abstract: Vírgenes prudentes, preparad vuestras lámparas, he aquí que viene el Esposo, salidle al encuentro" Antífona del ceremonial de profesión de Vírgenes (cfr.Mt 25, 6) La producción artística del periodo barroco, y en especial la de los virreinatos americanos, vivió a mediados del siglo XVIII la aparición de dos nuevos tipos de imágenes: los retratos de monjas con atavío de profesión [f. 1 y 2] y los de monjas difuntas en su lecho de muerte [f. 3 y 4].Estos se unieron a los ya existentes sobre monjas venerables, prioras y fundadoras de conventos.Estas líneas se centran en estos dos tipos por lo que encierran en su significado.Son muchos los casos que se podrían citar y muchas las colecciones en las que existe un buen acervo sobre esta temática.Sobre todo centraremos nuestra atención en los distintos objetos con los que son retratadas sus protagonistas: coronas y velos cubren su cabeza y en sus manos portan cirios y palmas.Estos retratos -sin llegar a ser instantáneas de un momento -responden a dos eventos distintos, pero sumamente importantes, de la vida de las religiosas.El presente artículo pretende acercarse al estudio de estas obras analizando, por un lado, su condición dentro del género de los retratos y, por otro, el motivo de la coincidencia de sus atributos y el sentido que estos adquieren a partir de la interpretación teológica de la consagración de las vírgenes.A lo largo de los virreinatos americanos se fundaron un buen número de conventos femeninos que respondieron a la necesidad social de dar solución al problema de la mujer (Muriel, Romero, 1952: 14).A él ingresaban jóvenes que renunciaban al mundo y entregaban su vida a la religión mediante un acto de profesión.En las clausuras, de donde nunca volverían a salir las monjas que allí profesaron, la entrega y el sacrificio eran mayores y sus muros conventuales adquirieron, si cabe, un mayor respeto y reconocimiento, y pronto sus habitantes tomaron fama de santidad.Los retratos de monjas con atavío de profesión [f. 1 y 2] son una manifestación artística exclusiva de la Nueva España (Montero 2003: 50).En ellos se representa a la joven vestida con el hábito de la orden a la cual pertenece y engalanada con los distintos objetos litúrgicos.Estas pinturas fueron encargadas por los propios familiares de la nueva monja cuya profesión también les honraba.Solo en algunos casos, los conventos dispusieron la realización de algunos retratos, sobre todo de las madres fundadoras.Los cuadros de monjas difuntas proliferaron por toda América, destacando su producción en los virreinatos de Perú y Nueva Granada.En ellos se nos muestra a la fallecida generalmente tal y como se dispuso su cuerpo en el momento del velorio [f.3].Además del hábito y el velo, aparecen igualmente coronadas y en lugar de una palma en sus manos -como acostumbra a representarse en la península-ésta se ha transformado en un ramo de flores o palma florida, sobre todo en México donde incluso ambas opciones se combinan [f.4].Tanto en los retratos de profesas coronadas como en estos últimos, el tema está relacionado con dos acontecimientos fundamentales en la vida de las religiosas que tienen un claro reflejo en la liturgia de su profesión.La producción de la mayor parte de estas obras data de la segunda mitad del siglo XVIII y se dilata durante el siglo siguiente.Cuando se celebraba la profesión de una monja, toda la ciudad vivía aquel momento como una gran fiesta.Por todos lados se encendían luminarias y en los alrededores de la iglesia, donde estaba sucediendo aquel magno acontecimiento, había música y gente bailando.Finalizaba el festejo en el interior del convento donde las nuevas compañeras de la profesa representaban para ella algún coloquio compuesto por ellas mismas o algún poeta amigo (Muriel 2005: 22).Sucedía lo mismo en el fallecimiento de alguna monja, donde su muerte transcendía las paredes del convento.El cuerpo era llevado en procesión hasta la parte baja del coro de la iglesia donde sería velado por el resto de sus hermanas.El cadáver quedaba igualmente expuesto a la población (Montero 2005: 35).Cuando una religiosa fallecía, y si además había dado en vida claras muestras de santidad, sus exequias se convertían en todo un suceso en el que participaban los distintos poderes públicos.La gente pasaba a contemplar su cuerpo dispuesto en el coro bajo y trataba de tocar sus vestiduras y, si fuese posible, quedarse con algún pétalo de las flores que sobre ella, y en sus alrededores, se habían dispuesto (Toquica (2005: 6).Procuraban con ello arrancarle una reliquia, a pesar de la prohibición explícita de Urbano VIII de no tratar como santos a aquellos individuos que la iglesia no ha
Author: Sergi Doménech García
Language: Spanish
Subfield: Conservation
Field: Arts and Humanities
Domain: Social Sciences
Open Access status: green
OpenAlex ID: W1558203482
