Year: 1985
Type: article
Abstract: aunque olvidado testimonio de la historia de la ciencia en México.Se trata de un reloj de sol construido en el año de 1639 por el científico criollo Diego Rodríguez, miembro de la Orden de la Merced y catedrático de matemáticas en la Real y Pontificia Universidad de México.Nadie puede negar que la contemplación de un viejo y venerable testigo del pasado, como es ese reloj solar, nos permite evocar épocas en que el tiempo se movía más lenta.:.mente, la vida era sin duda menos complicada y era más fácil relajarse y meditar.Adosados a los muros de las iglesias o de las casas, los relojes de sol tienen atr~ctivo único para el historiador que los mira como un símbolo de la caducidad de las cosas y para el científico que los considera como representantes de un momento capital en el desarrollo de la astronomía.Sin embargo la ciencia de estos relojes no ha sido olvidada y hoy en día son numerosas las personas que cultivan la gnomónica, que así se denomina el arte de los relojes de sol.Estos viejos instrumentos científicos son una especie de intermediarios entre la visible aunque solamente aparente trayectoria del sol y nuestra comprensión indirecta del movimiento real de nuestro planeta.Al ver la sombra de la aguja o gnomon recorrer el cuadrante podemos desde la tierra imaginar al sol en su camino por el firmamento a lo largo de la eclíptica.Se diría incluso que el gnomon hace las veces de un ©ITAM Derechos Reservados.La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.Estudios 3, otoño 1985.lO Elías Trabulse eje en torno al cual giran los cuerpos celestes con gran rigor matemático.La gnomónica es una ciencia muy antigua.De hecho ya en el siglo XVI había poco qué decir o inventar acerca de los relojes solares, pues ese arte varias veces milenario había sido perfeccionado hasta llegar a un estado muy avanzado durante los años de la Baja Edad Media.Sin embargo, a partir del Renacimiento los fabricantes de relojes fueron lo bastante originales para darles una gran diversidad de formas, pues estaban destinados a adornar todo tipo de paredes, patios, jardines o fuentes.Los relojes solares adquirieron entonces formas insospechadas: esferas, cubos, cilindros.Inclusive llegaron a construirse relojes de sol portátiles y aun se insertaron en hermosos anillos de mano labrados.Además, y muy a tono con la época, proliferaron las inscripCiones latinas grabadas en ellas que nos conminaban a emplear bien el día, cappe diem, o bien nos recordaban el señorío del tiempo sobre las cosas, tempus edax rerum.tLas bases teóricas de la gnomóniéa son bastante sencillas.Un reloj solar puede ser definido llanamente como un instrumento provisto de una aguja metálica fija que arroja una sombra sobre una superficie en la que existen trazadas unas líneas, las llamadas líneas-hora.La aguja se halla colocada en el punto de convergencia de esas líneas-hora.2 A mediados del sigloXVIII el matemático francés Jean Etienne Montucla dio una definición más compleja, hecha desde el punto de vista geométrico, la cual nos permitiremos transcribir íntegra pues resulta de interés para poder describir los relojes solares construidos en México por el padre Rodríguez.Dice M ontucla: Doce planos se cortan todos en ángulos iguales sobre una misma línea.Estos planos.indefinidamente prolongados, cruzan otro plano a cierta distancia.Se trata de determinar las líneas por medio de las cuales esos planos cortan al último.
Author: Elías Trabulse
Language: Spanish
Subfield: Astronomy and Astrophysics
Field: Physics and Astronomy
Domain: Physical Sciences
Open Access status: diamond
OpenAlex ID: W186415036
