Year: 2018
Type: article
Abstract: Y CENTROAMÉRICA En el debate actual entre tendencias globalizadoras y desglobalizadoras del capital, la inseguridad y el miedo al otro tienen como trasfondo los imaginarios sobre la violencia.Estos imaginarios han adquirido un lugar preponderante en los medios de comunicación masiva a escala planetaria.Los mensajes mediáticos nos remiten a la guerra, pero también a sus justificaciones ideológicas y políticas.Entre otras cosas, nos muestran la radicalización de los conflictos interétnicos, interculturales e interreligiosos, así como la emergencia de fundamentalismos de diverso signo.Los mensajes sobre la violencia de alcance global, como serían las acciones bélicas que se legitiman a través de la denominada "lucha contra el terrorismo" o, en otras latitudes, en "la lucha contra el crimen organizado", se conjugan con las pequeñas notas que hablan de los secuestros, asaltos a mano armada, violaciones, y robos a casa habitación.Los medios difunden dos niveles de violencia: uno a escala global y otro a nivel local, que se influyen y refuerzan mutuamente para crear una representación sobre la vulnerabilidad de la persona frente a la violencia.Son diferentes las amenazas reales o virtuales que exacerban el miedo de la población y favorecen esquemas de percepción y acción con los que se busca justificar el armamentismo, el militarismo y los estados totalitarios.La violencia se ha asociado a hechos concretos que atentan contra la seguridad y vida de las personas y de sus bienes.Sin embargo, esta no es la única forma de violencia.Existe también la violencia que se genera desde los centros financieros internacionales y que tan sólo en 2008 provocó que miles de personas perdieran sus empleos, sus viviendas, su seguridad.Junto con ello, se fortaleció aún más el cierre de las fronteras para los inmigrantes, como una manera de regular el mercado laboral en épocas de crisis.Para los migrantes del sur se establecen las "mega-fronteras" que separan al Norte rico y próspero de la población proveniente de los países del Sur.Dada la ubicuidad con la que se expresa la violencia en las relaciones sociales, es necesario hacer un esfuerzo de extrañamiento: tomar distancia como precaución metodológica para evitar caer en lugares comunes que alimentan los sentimientos de inseguridad o percepción de riesgo.Una primera precaución en ese sentido es definir de qué estamos hablando cuando hablamos de violencia.El problema inicia con los términos y conceptos que empleamos.Si partimos de considerar que a través de la violencia se expresan, mantienen y perpetúan relaciones desiguales y asimétricas de poder, cabría preguntarnos cómo y de qué manera la violencia vehicula dichas relaciones de poder.Para definir lo que es y lo que no es violencia, podemos ubicar una definición amplia y totalizadora, como lo propone Bourdieu al hablar de la violencia simbólica, o remitirnos a una definición restringida como la que plantea Héritier.La violencia es un fenómeno multidimensional.Atraviesa diversas dimensiones de la realidad social al estar vinculada con el ejercicio del poder.Así pues, existe aquella forma de violencia que podemos considerar como
Source: Revista Trace
Author: Cristina Oehmichen Bazán
Language: Spanish
Subfield: Sociology and Political Science
Field: Social Sciences
Domain: Social Sciences
Open Access status: diamond
OpenAlex ID: W2208537384
