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La crisis no moderna de la universidad moderna

Year: 2010
Type: article
Abstract: páginas ¿Qué es este libro?¿Es un reportaje, una crónica, un análisis de coyuntura; es acaso un compendio sintomatológico, una evaluación o un diagnóstico, una reflexión trascendental, un zurcido de fragmentos, un clip?Algún lector desconcertado pensará quizá, que es una pizca de cada cosa.Eso haría de este libro un pot-purri, un notorio centón.Aunque, lo concedo, esta impresión no carecería de asidero, sería más bien superficial.Desde luego, se trata de un libro de múltiples entradas.Pero no por eso es dócil a lecturas diversas.Una reticencia fundamental lo habita.El carácter evasivo de su estilo de escritura y pensamiento de testimonio de esa reticencia.Y ésta parece reservarse una única lectura, una única interpretación que atinaría a la verdad del texto.Parece curioso, en una obra que destaca por doquier las señas de una crisis abarcadora, abrumadora, de la verdad: señas de la débacle de lo universal concebible y de la indesmentible univocidad.Pero, a fin de cuentas, no es tan curioso.Este es un libro de filosofía, radicalmente; su único asunto es la verdad.Por eso habla de la universidad y de su crisis.Habla de la universidad, porque ella ha sido, en la historia occidental, ámbito privilegiado de la verdad, de su enseñanza y su búsqueda, espacio socialmente consagrado de su culto.Si es válido afirmar -como se hace con sobrada insistencia-que hoy, y por todas partes, la universidad está en crisis, no basta detenerse en los aspectos administrativos y organizacionales, en los problemas de gestión con los que suelen lidiar, más o menos ciegamente, las autoridades universitarias, ni tampoco en los desafíos y demandas de las sociedades en vísperas del tercer milenio, ni siquiera en los problemas inmanentes que plantea la dinámica del conocimiento y de la innovación tecnológica.Una consideración rigurosa exige hacerse cargo de lo que esa crisis significa para la verdad.Thayer supone que, en un cierto sentido, significa todo.De ahí el "tono apocalíptico" que se vuelve, a ratos, dominante, equívocamente dominante en el libro.La lectura desprevenida creerá reconocer en él un desánimo radical: "el desánimo de esas enfermedades asintomáticas que deterioran a lo largo de tiempo, y que cuando nos percatamos de su existencia, nos han debilitado al punto que carecemos de moral para enfrentarlas"(169).Confesión de impasse irremontable, de enervación y debilidad (retengamos esta palabra), La crisis no moderna... aportaría su correspondiente dosis al narcótico con que se dopa buena parte de la intelligentsia finisecular; de la nuestra, también.(Y, dicho sea de paso, no importa que su pose sea de amargura desvencijada o de frescura juvenil; como el ente, el desgano se dice -y se viste-de muchos modos.)Pero el apocalipsis es un estilo de la verdad.Este libro lo hace sentir enérgicamente.La mención de lo apocalíptico no sólo se justifica, pues, como atributo retórico, ni porque el texto recurra explícitamente a su concepto, que se destaca por última vez, como un gesto de abrumada confesión, en el epílogo de este "Epílogo".Y, dicho sea de paso, esa mención contiene además un guiño dirigido a la obra de Jacques Derrida, autor de un opúsculo con el título (de raigambre kantiana) D'un ton apocalyptique adopté naguère en philosophie, y de unos trabajos (no sólo especulativos) sobre la cuestión de la universidad, con los cuales visiblemente entronca este ensayo.La mención de lo apocalíptico, como el concepto más enfático de verdad del cual se dispone, puesto que habla de la verdad de cuerpo presente, quiere inducirnos a entender que asistimos, aun sin saberlo y sin siquiera percibirlo, al último apocalipsis: el de la imposibilidad de todo apocalipsis: "El pensamiento apocalíptico ya no puede resignificar(se) mediante ninguna representación del final" (201), escribe Thayer en el referido epílogo.Es un libro reticente, decía.Pero no se trata de que su argumento permanezca recóndito.Las tesis que lo vertebran son, me parece, muy manifiestas.El libro enfoca la situación de la universidad en la transición.Sostiene que la transición no es un trance, sino una condición, pero una condición esencialmente evasiva.Bajo esa condición, la universidad estaría finiquitada, pero de manera tal que su fin podría mantenerse en un suspenso permanente.La relación fundamental de la universidad con el Estado y la nación, característica de la modernidad no rige más, en la medida en que el Estado mismo ha ingresado en la zona difusa de la transición.Lo que impera es el mercado, el "telemercado", si se quiere.Desde luego, el empleo del término "transición" puede resultar engañosamente restrictivo si se lo refiere exclusivamente a los avatares y las parálisis de nuestro proceso particular.Sin perder de vista esta incidencia local, Thayer entiende la transición en términos generales, para no decir absolutos.La transición es el contexto de este texto, y, según éste, de todo texto posible hoy, sobre todo si se trata del texto universitario.La generalidad de este contexto es sui generis, en la medida en que no es conceptualizable.El contexto es escurridizo con respecto a toda aprehensión o fijación conceptual, porque no estriba en contenidos, sino en la unidad autogenerativa y abierta (y, por eso, indefinidamente variable) de una performance de control y comunicación, de información y de intercambio.Cada concepto que pretenda circunscribirlo queda, al punto, circunscrito por él: cada descripción o exégesis, apenas enunciada, se convierte en un quantum de información virtualmente disponible en el ambiente mediático.Es lo que produce el proceso recíproco de la telematización del mercado y la mercantilización de la telemática: rasgo esencial de aquello que en términos de Thayer (tomados a préstamo de Felix Guattari) se denomina el "capitalismo mundial integrado".Por eso, no se puede sostener que el contexto sea una categoría, sino que acarrea la crisis de la categorialidad.Y esta última palabra no es anodina: las categorías representan el orden fundamental bajo el cual podemos pensar lo que pensamos, no importa lo que ello sea.La transición es, pues, forma vigente de la verdad: es la verdad como indiferencia, como un cierto tipo de indiferencia: precisamente, aquella que no hace ni deja hacer diferencia (Y éste es precisamente el apocalipsis peculiar, que, más que concebir, ilustra este libro).
Institution: University of Chile
Language: Spanish
Subfield: Education
Open Access status: diamond
OpenAlex ID: W4235923558
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