Year: 2025
Type: other
Abstract: a primera vez que "conocí" a Paul Auster fue cuando leí The New York Trilogy (1987): me intrigaron esos juegos postmodernos con la identidad y con las características del género negro, pero aún no me había convertido en parte de la comunidad transnacional (sobre todo europea) de lectores "austeritas," ni mucho menos había pensado en dedicarle atención académica.Aunque seguramente haya sido precisamente esta trilogía (y particularmente la primera de las breves novelas que la componen, "City of Glass") la mayor responsable de la posición privilegiada que ocupa Auster en el canon de la literatura norteamericana (al menos según Harold Bloom), la novela que a mí realmente me atrapó fue Moon Palace (1989), con la irresistible historia de Marco Stanley Fogg vagando por las calles y parques de Nueva York y el Oeste norteamericano.Curiosamente, Auster había escrito ya borradores de esta novela incluso antes de la ya famosa trilogía, como pude comprobar años más tarde en la New York Public Library, en la que se conservan los "Paul Auster Papers."Este no es un dato menor, porque, de alguna manera, The New York Trilogy y Moon Palace representan dos líneas paralelas en la novelística de Paul Auster, una más experimental y postmoderna (que seguramente lleva a su límite en Travels in the Scriptorium [2006] o en Oracle Night [2003]) y otra más puramente narrativa, en la que el lector se puede sumergir con placer en las azarosas vidas de Anna Blume (In the Country of Last Things, 1987), Benjamin Sachs (Leviathan, 1992) o el Walt que desafía las leyes de la gravedad en Mr Vertigo (1994).Acabé leyendo todos estos libros y empecé a investigar sobre su obra, comenzando por la que se suele considerar la piedra angular de la obra de Auster, The Invention of Solitude (1982), una obra con dos partes, una primera autobiográfica y otra segunda más intimista y reflexiva.En la primera ("Portrait of an Invisible Man"), nuestro hombre intenta descubrir la verdadera identidad de ese padre con el que nunca congenió, y cuya muerte (y herencia) le permitió paradójicamente dedicarse a la escritura, y termina averiguando la tragedia personal que acompañó a su padre desde su más tierna infancia.En la segunda parte ("The Book of Memory") Auster reflexiona sobre la paternidad y comienza los diálogos intertextuales (con escritores como Kafka, Collodi y Beckett o los grandes narradores norteamericanos del XIX, como Hawthorne, Melville y Poe) que le acompañarían en toda su producción.Esta primera obra en prosa supuso un cambio fundamental para un escritor que hasta entonces solo había publicado poesía y traducciones.Él mismo reconoció que sin esos años de trabajo no hubiera podido dar el salto a la prosa, que, según sus propias palabras, supuso pasar del "puño cerrado" de la poesía a una "mano abierta" con la que desarrollar los mismos temas para el mucho más amplio público lector de la novela.La segunda vez que "conocí" a Paul Auster fue en Asturias.Fue el año en que recibió el premio Príncipe de Asturias (2006), y participó en una sesión abierta al público con Pedro Almodóvar, otro galardonado ese año, en el Teatro Jovellanos de Gijón.Aunque no pude entrevistarle, como era mi intención, pude hacer a ambos un par de preguntas desde el patio de butacas: la primera era sobre su opinión sobre el término post-moderno, que se usa tan frecuentemente para definir la obra de los dos creadores, y la segunda sobre los motivos por los que ninguno de ellos se puede considerar "profeta en su tierra."Ni uno ni otro se sentía cómodo con el término post-moderno, y ambos fueron muy políticamente correctos al afirmar que estaban encantados con la acogida que recibían en sus países de origen, aunque a nadie se le escapa que tanto Almodóvar como Auster tienen un reconocimiento muy superior fuera de sus fronteras nacionales.También en Asturias conseguí que me firmara un libro, The Brooklyn Follies (2005), el libro que comienza con el monólogo de un personaje "buscando un lugar tranquilo donde morir" y paradójicamente termina con uno de los finales felices más inquietantes de la novelística contemporánea.La tercera vez que le vi (esta vez más de cerca) fue en San Sebastián al año siguiente (2007): presentaba su película The Inner Life of Martin Frost y era el presidente del jurado.Su película tuvo mucho menos éxito que Smoke (1995), esa obra maestra del cine independiente norteamericano dirigida por Wayne Wang y basada en un guion (y previamente en el brillante relato "Auggie Wren's Chistmas Story") en el que Auster reflejó su amor por Brooklyn, por la amistad y por las paradojas de la vida.El escritor norteamericano quedó tan encantado con la experiencia de la película, que escribió y codirigió una secuela que él mismo denominó "comedia situacionista" (en referencia al movimiento europeo de vanguardia de los años 50): Blue in the Face (1995), en la que no solo participaron algunos de los actores de Smoke (como Harvey Keitel o Giancarlo Esposito) sino también otros personajes del Nueva York de los 90, como el director Jim Jarmusch, los actores Michael J. Fox, Roseanne Barr o Mira Sorvino, y los cantantes Lou Reed y Madonna.De alguna manera, si su poesía era un puño cerrado, y sus novelas una mano abierta, su trabajo en el cine le permitió extender esa mano a otras personas para poder abordar creaciones colectivas.La última vez que le "conocí" fue cuando finalmente le entrevisté.Habíamos decidido tener una entrevista telefónica y acordamos una fecha.Era el sábado del fin de semana de Acción de Gracias en Estados Unidos, Auster estaba en su casa de Brooklyn y se oía el ruido del desayuno de fondo.Fue extremadamente amable y generoso, como creo que siempre se mostró cuando otros colegas le entrevistaron.Le había enviado las preguntas por fax (siempre escribía a mano y después mecanografiaba el resultado en su vieja máquina de escribir, un aparato con el que tenía una relación muy cercana al fetichismo, como se puede comprobar en The Story of my Typewriter, de 2002) y pasamos más de una hora hablando nexus 2025-01 22 de su relación con el cine.No sólo sobre las películas en las que colaboró, sino las que imaginó, como los films de Hector Mann, el protagonista de The Book of Illusions (2002), actor de cine mudo y director de películas condenadas a la desaparición que sin embargo consigue salvar a un protagonista asolado por la tragedia personal, como tantos otros personajes de Auster.
Source: Nexus
Authors: UNIVERSIDAD DE SEVILLA, ÁNGEL L. JIMÉNEZ-FERNÁNDEZ, Julio VILLA-GARCÍA, UNIVERSIDAD DE OVIEDO
Institutions: Universidad de Oviedo, Universidad de Sevilla
Language: English
Subfield: Literature and Literary Theory
Field: Arts and Humanities
Domain: Social Sciences
Open Access status: bronze
OpenAlex ID: W4411523458
